Aplicaciones de la toxina botulínica en dermatología

Botox o toxina botulínicaLa toxina botulínica (cuya marca comercial más conocido es el Botox) es una neurotoxina elaborada por una bacteria (Clostridium botulinum), que es capaz de producir parálisis muscular. Su uso en medicina está extendido, no sólo en Dermatología, también en otras especialidades como neurología, proctología, oftalmología entre muchas otras.

La toxina actúa de forma local bloqueando la liberación de una sustancia denominada acetilcolina; causante de la parálisis muscular.

De forma poco invasiva, nos permite reducir de forma visible las arrugas fruto de la expresión por contracción muscular. No debe aplicarse en zonas donde las arrugas son producidas por gravedad aquellas cuya función muscular es importante. Generalmente el uso de la toxina se limita para el tercio superior de la cara (frente y “patas de gallo”).

El tratamiento se realiza con pequeñas infiltraciones casi indoloras. El paciente puede retomar las actividades cotidianas inmediatamente después del tratamiento. El efecto secundario más frecuente es la aparición de hematomas en los puntos de inyección, que se resuelven espontáneamente en pocos días.

También se emplea para el tratamiento de la hiperhidrosis o sudoración excesiva (sobre todo en palmas y axilas). Se inyecta la toxina botulínica en la piel, lo que conlleva la “parálisis” de la glándula sudorípara corrigiendo la sudoración excesiva.

La aparición del efecto de la toxina tarda entre 48 o 72 horas de su aplicación y alcanza su efecto total a los 7 días de la inyección. Su duración es muy variable (entre 4 y 8 meses) dependiendo del paciente y de los tratamientos previos con toxina que haya realizado.  Por lo tanto, el efecto de la toxina NO es permanente.

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